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Cómo la economía conductual rige nuestras decisiones financieras
La economía conductual (o economía del comportamiento) es una disciplina que combina hallazgos de la psicología con el análisis económico para entender cómo las personas toman decisiones reales, que a menudo se desvían de la “racionalidad perfecta”. Este término surge de la constatación de que, al enfrentar elecciones cotidianas como ahorro, inversión o consumo los individuos recurren a ciertos atajos mentales y sufren sesgos cognitivos que distorsionan sus valoraciones y acciones.
Este tipo de economía, revela que nuestras decisiones económicas no siempre se basan en un análisis puramente lógico y frío de costes y beneficios, ya que están fuertemente influenciadas por una serie de factores psicológicos, como los sesgos cognitivos. Son atajos mentales o errores sistemáticos en la forma en que procesamos la información. Algunos ejemplos incluyen:
- Sesgo del presente (o de inmediatez): Es la tendencia a darle más valor a las recompensas inmediatas que a las recompensas futuras, incluso si estas son mayores.
- Sesgo de optimismo (u optimismo irrealista): Tendencia que lleva a algunas personas a creer que son menos propensas que otras a experimentar eventos negativos y más propensas a experimentar resultados positivos.
- Sesgo de procrastinación: Tendencia a posponer tareas importantes, incluso cuando se sabe que hacerlo tendrá consecuencias negativas.
- Sesgo de confirmación: Tendencia a buscar e interpretar información que confirme nuestras creencias preexistentes.
- Sesgo de anclaje: La tendencia a depender demasiado de la primera información que se nos presenta (el "ancla") al tomar decisiones.
- Sesgo de aversión a la pérdida: La tendencia a preferir evitar pérdidas antes que adquirir ganancias equivalentes. Esto significa que el dolor de perder 100 euros es mayor que la alegría de ganar 100 euros.
- Sesgo del statu quo: La preferencia por mantener las cosas como están, evitando el cambio, incluso cuando un cambio podría ser beneficioso.
Aunque nos consideramos seres racionales, las emociones influyen en nuestra toma de decisiones. El miedo, la alegría, la frustración o la ansiedad pueden tener un impacto significativo en cómo valoramos las opciones y actuamos en consecuencia. Por ejemplo, el miedo a perder dinero puede llevar a inversiones más conservadoras, mientras que la euforia puede impulsar burbujas en los mercados. Además, las decisiones de otras personas (lo que hacen nuestros amigos, familiares o la sociedad en general) pueden influir en nuestras propias decisiones, a menudo sin que seamos plenamente conscientes de ello. El efecto rebaño en los mercados financieros es un claro ejemplo.
Herramientas conductuales útiles
De la misma manera que ciertos sesgos pueden manipularnos, podemos usar algunas herramientas a nuestro favor.
- Framing (Encuadre): Presentar la información de diferentes maneras para influir en la percepción. El cómo se presenta algo puede ser tan importante como el qué se presenta.
- Ejemplo: Una oferta de "ahorra el 25%" puede ser más atractiva que una que dice "paga el 75%", aunque ambas son equivalentes.
- Nudges (Empujones): Son el corazón de la economía conductual aplicada. Se basan en la idea de que pequeños cambios en el "contexto de elección" pueden tener un gran impacto en las decisiones.
- Ejemplo: En muchos países, la inscripción automática en planes de pensiones (con la opción de "opt-out") ha aumentado drásticamente las tasas de ahorro para la jubilación.
- Simplificación: Reducir la complejidad de la información o de las opciones. Cuando las decisiones son demasiado complicadas, las personas tienden a posponerlas o a tomar decisiones subóptimas.
- Ejemplo: Presentar información financiera de manera clara y concisa, evitando la jerga técnica.
- Recordatorios (Reminders): Enviar mensajes oportunos para impulsar la acción.
- Ejemplo: Notificaciones en aplicaciones para recordar hábitos saludables o metas de ahorro.
- Feedback o información: Proporcionar retroalimentación clara y en tiempo real sobre las acciones de las personas.
- Ejemplo: Aplicaciones de gimnasios que muestran el progreso hacia los objetivos de ejercicio.
- Incentivos y recompensas: Aunque la economía conductual va más allá de los incentivos puramente económicos, también estudia cómo los incentivos, tanto monetarios como no monetarios, influyen en el comportamiento, y cómo el diseño de esos incentivos es crucial.
- Ejemplo: Programas de fidelización que ofrecen pequeñas recompensas por completar tareas.
En definitiva, sea a favor o en contra, el uso de estos recursos puede influir notablemente en nuestras decisiones diarias y afectar a la economía. Reconocerlos y aceptarlos ayudará que actuemos de una manera más racional y valorando todas las opciones para mejorar nuestro futuro financiero. Por eso en GEROA queremos ayudarte a contrarrestar esos sesgos y facilitar el ahorro casi sin esfuerzo. Se trata de un pequeños esfuerzo compartido entre las personas y las empresas.
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